“Evviva il coltellino!” (“¡Viva el cuchillito!”) La explotación corporal al servicio de las tendencias de la moda, el arte selecto, el erotismo estimulante y el negocio lucrativo es también, en el siglo XXI, un fenómeno muy extendido. Sin embargo, un grito como “Evviva la anoressia!” en medio de los elegantes desfiles prêt-à-porter de París o Milán provocaría hoy un escándalo.
Pero no fue así en el teatro del siglo XVIII: es posible que el entusiasta “Evviva il Coltellino!” (¡Viva el cuchillito!) resonara miles de veces en los teatros de ópera barrocos. Y la discrepancia entre el arte canoro de los castrati y la crueldad cometida con ellos difícilmente puede expresarse con más claridad que con esta exclamación.
Ya en el siglo IV d. C., la interpretación discriminatoria de las palabras del apóstol Pablo, “Como en todas las comunidades de santos, las mujeres habrán de callar en la congregación” 1, desterró a las voces femeninas de las iglesias. Niños y falsetistas asumieron inicialmente su función, pero hicieron que se oyeran “[...] a menudo sonidos desagradables” 2. Por ello, y en paralelo a las exigencias en permanente aumento de la polifonía y el virtuosismo, los castrati acudieron cada vez con más frecuencia a cubrir el hueco. A partir de 1600, y durante casi 300 años, se convirtió en Roma incluso en una regla que las partes de soprano y contralto hubieran de ser cantadas en las iglesias por castrati....
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